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R&B, El Género Sin Fuste

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De James Brown a Rihanna y de The Who a Justin Bieber, la popular etiqueta ha abarcado a innumerables artistas con poca relación entre sí sin que nadie se inmute ante ello. Una generosa reflexión de L. Warlock.

Cualquier persona que haya dedicado sucesivos años a escuchar todo tipo de música se habrá dado cuenta que la etiqueta R&B (Rhythm & Blues) es utilizada para definir a una gran cantidad de artistas. Lo curioso es que, a diferencia del grueso de géneros y subgéneros musicales, estos músicos suelen tener escasa o nula relación entre sí. Originalmente, el Rhythm & Blues surge en los 40 como un populista encuentro entre lo más acelerado del Blues, lo más swinguistico del Jazz y lo más intenso del Góspel, dando con una música festiva que fue la primera que permitió a músicos afroamericanos venidos desde abajo el ganar un reconocimiento a escala nacional e internacional. Quizá en este germen se halle el motivo de su posterior deformación, pues pronto el género se vería aún más acelerado, dando lugar al Rock & Roll.

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Louis Jordan, definidor del concepto clásico de R&B.

Es tras el impacto del R&R cuando la etiqueta R&B delira. Muestra de esto es que The Who era considerado originalmente como un grupo de R&B (no le faltaban motivos a la crítica de la época, pues su primer LP “My Generation” contaba con dos versiones de James Brown), a pesar de la ausencia de relación. Muchos otros grupos de la llamada Invasión Británica coquetearon con el género, pero siguiendo la clásica fórmula blanca de más ruido y más velocidad. A consecuencia de esto se llegaría al Hard-Rock y al Heavy-Metal años después.

Los negros se desentendieron de la etiqueta en los 60 y principios de los 70, pues las etiquetas “soul” y “funk” traen nuevos vientos de innovación. En las baladas lentas de Isaac Hayes y Barry White, sudadas del disco-funk, se empiezan a intuir ramalazos de lo que hoy se asocia con esas siglas. Fue nada más y nada menos que Smokey Robinson, quien ya había nutrido de ternura al mundo durante su estancia en The Miracles, el que abría la veda con el tema “Quiet Storm”, del LP del mismo título publicado en 1975.

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Los 80 ya fue la refundación definitiva del género, con Michael Jackson, Prince o Luther Vandross a la cabeza. La tecnología de los sintetizadores como el Roland TR-808 aportó la frescura sonora y el vacileo del recién nacido rap dio lugar a extraños inventos como el New Jack Swing que, ya en los 90, fue tapadera para el nacimiento de “boys bands” como New Kids On The Block, Backstreet Boys o NSYNC. Es aquí cuando es asumido totalmente por los blancos y las siglas R&B son pegadas a la etiqueta “pop” y separadas totalmente de su raíz hasta nuestros días.

La gran pregunta aquí es: ¿Por qué seguir llamando a un género por un nombre que claramente no se le corresponde?, ¿Por qué enterrar su significado original en pos de usado cuando simplemente se intenta describir al pop lento industrial?, ¿Por qué nuestros queridos negros son incapaces de petarlo en más de un género a la vez, década tras década? A pesar de la disertación, sigue siendo complicado entender los giros y quiebros de historia de la música, más si se ve desde una óptica industrial. Al fin y al cabo, una música llamada “ritmo y tristeza” parece prometer todo lo que uno puede esperar de una canción. Quizá estas siglas solo hayan sido un reclamo comercial para poder darse a conocer y luego obviar las propias raíces. ¿Qué no? Pensad en esto: James Brown tuvo su primera gloria comercial con el Rhythm & Blues para al poco abandonarlo a favor de apadrinar el Soul, parir el Funk y jugar con su nieto, el Hip-Hop. Justin Bieber también ha empezado así, y tiende a relacionarse cada vez más con gente respetable de la música negra como Kanye West o Raekwon. ¿Sabéis qué es lo más aterrador de todo esto? Ambos tienen las mismas siglas.

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